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Opinión - Que la minería no descanse en paz

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Mineria Prod 2Estamos a tiempo para no impedir que progrese una minería organizada y bien controlada. Equivaldría a quitarle la comida a mucha gente y negarle oportunidades de progresar.

Alguien debería estudiar por qué en este país le tenemos fobia a la minería. Mientras Perú y Chile florecen y crecen aceleradamente, dejándonos atrás gracias a buenas políticas públicas y a consistencia en la política económica, pero sobre todo al auge de su minería, aquí aumenta la oposición a ella.

Chile se nos presenta como ejemplo de éxito exportador, pero si no fuera por el cobre no lo sería. Perú nos puede dar sopa y seco en textiles y confecciones, en turismo, en cocina, en la producción de bienes agrícolas exportables, pero el crecimiento envidiable que ha experimentado se debe principalmente a la minería.

En esos países se ha aprendido a manejar el auge de la minería para que no impida el avance de otras exportaciones, de origen agroindustrial en los dos países, principalmente, pero en el caso de Perú muy notablemente en el sector de textiles y confecciones.
Para manejar el impacto de la minería sobre sus monedas, ambos países se han mantenido firmes en su apertura comercial, sin retornar al proteccionismo, han cimentado su acceso a otros mercados y han sido muy prudentes en su política fiscal. La política macroeconómica de los dos países tiene muy en cuenta la necesidad de defender la competitividad de sus monedas, que también ha sufrido a causa de la depreciación del dólar, pero que no ha impedido que hayan prosperado otros sectores exportadores.

Antes de pensar en ponerles impuestos de exportación a los mineros colombianos o de impedir a la loca que se expanda la minería en nuestro país, deberíamos fijarnos bien cómo han hecho en esos dos países para dejar que crezca la minería sin acabar con todo. Casi con seguridad, en esos países no adoptarían una medida arbitraria como no dejar que se explore o se explote el potencial minero por encima de equis metros sobre el nivel del mar, porque allá son conscientes de que las minas quedan a más de 3.000 metros de altura o en el desierto.

Uno se pregunta por qué en Chile no está descontrolada la minería ilegal, o por qué en el Perú la coca no ha infiltrado y demolido las instituciones del Estado, o por qué el ejército ecuatoriano puede controlar mejor a la guerrilla. La increíble respuesta a estas preguntas es que en esos países funciona mejor el Estado que en Colombia. Y es precisamente por eso que las administraciones recurren aquí a fórmulas absurdas, como prohibir que se importen buldóceres usados para desestimular la operación ilegal de minas en Colombia, encareciendo también de paso la construcción de carreteras, o se recurre a poner cotas sobre las cuales no puede haber explotación minera legal, dejándole el campo libre a la explotación ilegal en esos refugios naturales creados de facto.

Adoptando este tipo de medidas arbitrarias, el Gobierno reconoce que no cuenta con medios técnicos y políticos para manejar caso por caso los problemas ambientales y los conflictos comunitarios y acude a fórmulas simplistas, como declarar que las zonas sobre las que hay discusión son parques nacionales. Pero, curiosamente, cuando políticas de ese corte sí son deseables, como establecer que en parques nacionales no puede haber hoteles, el Gobierno es más proclive a la casuística y a revisar sus decisiones, presionado por élites regionales insaciables.

Esas misma élites, que por lo general son también latifundistas, se oponen a la minería con argumentos ambientalistas, de manejo de aguas o aduciendo que la minería no contribuye al empleo porque le temen a la elevación de salarios que traería consigo la operación regulada de grandes minas. Estamos a tiempo para no impedir que progrese una minería organizada y bien controlada. Equivaldría a quitarle la comida a mucha gente y negarle oportunidades de progresar.

Por: Rudolf Hommes

Fuente: Eltiempo.com

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