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Plástico de un solo uso: protege del virus pero amenaza al planeta

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El incremento de residuos de este material en la pandemia han alertado a la ONU y al Banco Mundial.El incremento de residuos de este material en la pandemia han alertado a la ONU y al Banco Mundial.El 2020 prometía ser un año en el que muchos países avanzarían en sus políticas de cero plásticos de un solo uso. Pero con la propagación del nuevo coronavirus, su prohibición se pospuso y sus leyes se flexibilizaron. Todo porque este material económico, pero altamente contaminante, se usa hoy como protección principal contra el virus, lo que ha provocado una gran ola de residuos.
 
Un panorama que tiene muy alarmados a organismos internacionales y a ambientalistas.
 
La ONU advirtió esta semana, que aunque la pandemia ha tenido algunos impactos positivos en el planeta, como la reducción temporal de las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso del plástico está creciendo con preocupante fuerza.
 
Y este incremento, según la organización, proviene de dos fuentes: los desechos de la lucha contra el covid-19, los cuales incluyen tapabocas, guantes, botellas de desinfectante y caretas de protección, entre otros, y de las circunstancias de vida impuestas por el confinamiento, lo cual ha disparado la compra de alimentos y provisiones envasados o envueltos en plástico.
 
Para Pamela Coke-Hamilton, directora de Comercio Internacional de la ONU, la contaminación por plásticos ya era una de las más grandes amenazas del planeta antes del coronavirus –cada año se vierten cerca de 12 millones de toneladas de residuos plásticos, el equivalente a 1.200 veces la torre Eiffel–, por lo que, “el rápido aumento en el uso diario de ciertos productos que ayudan a proteger a las personas del virus está empeorando las cosas”, dijo Coke-Hamilton.
 
A nivel mundial, la empresa de consultoría Grand View Research estima que las ventas de mascarillas desechables aumentarán de 800 millones de dólares en 2019 a 166 mil millones en 2020. Lo preocupante es que muchos de ellas ya han empezado a llegar a los océanos.
 
A través de una serie de fotografías de tapabocas y guantes enterrados en el fondo del mar, un grupo de buzos, Opération Mer Propre, mostró en redes sociales su hallazgo. “Una mascarilla parecía una medusa. Esto es solo el comienzo y si nada cambia, se va a convertir en un verdadero desastre ecológico”, declaró Joffrey Peltier, fundador del grupo.
 
Para el Banco Mundial, es claro que la tendencia hacia su uso está cambiando. “Grupos de interés en el plástico de Estados Unidos están aprovechando la oportunidad para argumentar sus ventajas en los problemas de higiene”, dicen.
 
En Colombia, el Ministerio de Salud, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ordenó el uso obligatorio del tapabocas en la calle, el transporte público y otros espacios. Sin embargo, no se ha tenido un buen manejo, dice Tatiana Céspedes, vocera de Greenpeace, pues ya es frecuente encontrar tapabocas y guantes en las calles.
 
“Todos estamos preocupados por esto, pero se puede evitar: si compras un tapabocas que se pueda reutilizar, si lavas tus manos después de tocar cualquier material y si reduces la cantidad de plástico en tus compras”, dijo Céspedes.
 
Y es que las pocas cifras que hay a la mano sobre el comportamiento de uso y producción de este material en el país, ya nos muestran un panorama desalentador.
 
Según Daniel Mitchell, presidente de Acoplásticos, los tapabocas, bandas quirúrgicas, guantes y similares, han tenido un crecimiento muy fuerte en la producción y ventas. “Entre abril y mayo se estima un crecimiento del 500 por ciento. En junio se estabilizó, porque ha llegado mucha importación de China”, explicó Mitchell.
 
Pero si hablamos de consumo, “se estima que el uso de estos elementos que antes solo eran del personal de salud, aumentó entre 40 o 50 veces más que el año anterior”, dijo el presidente del gremio de la industria nacional del plástico.
 
En cuanto a las bolsas, envases de elementos de aseo y empaques de alimentos, entre enero y mayo de 2020, comparado con el año anterior, su producción creció entre el 0 y 5 por ciento.
 
Para algunos congresistas y organizaciones ambientalistas, no existe evidencia científica que demuestre que el plástico protege más que otro materialEl renacer de las bolsas 
El distanciamiento social también está generando una avalancha de productos enviados diariamente a los hogares que en su mayoría vienen envueltos o protegidos en envases plástico y/o de icopor.
 
Por ejemplo, durante el confinamiento de ocho semanas de Singapur, que se empezó a levantar el 1 de junio, los 5,7 millones de residentes desecharon 1.470 toneladas adicionales de envases de plástico de comida para llevar, según una encuesta del programa de Maestría en Ciencias de Gestión Ambiental de la Universidad Nacional de Singapur.
 
Por otro lado, pese a que muchos países habían avanzado en la penalización del uso de la bolsa plástica, nuevamente los gobiernos se están dejando seducir por este material. Es el caso del R. Unido, donde se suspendió el impuesto a la bolsa para entregas de compras en línea.
 
En Colombia, el Ministerio de Salud incluyó entre sus recomendaciones a los proveedores de alimentos, el utilizar bolsas y empaques en plástico para proteger al máximo la comida. Y especialmente en las entregas a domicilio. Así las cosas, los restaurantes han dejado de enviar sus alimentos en bolsas de papel y ahora están envueltos en una o hasta dos bolsas de plástico.
 
Para algunos congresistas y organizaciones ambientalistas, no existe evidencia científica que demuestre que el plástico protege más que otro material. De ahí que radicaron una petición para que el Gobierno no promueva su consumo desmedido.
 
“Tapabocas y guantes son claves en términos de salud pública para el manejo de la pandemia y, por tanto, no debemos reducir su uso. Pero sí podemos reducir nuestro consumo de plásticos no indispensables, como bolsas, film, icopor, pitillos y empaques de alimentos de consumo inmediato”, mencionan en esa petición más de 50 firmantes.
 
Organizaciones como Greenpeace y WWF se basan en investigaciones publicadas en el Journal of Hospital Infection y en The New England Journal of Medicine, que muestran que el virus persiste más tiempo en el plástico que en otras superficies.
 
“El SARS-CoV-2 fue más estable en plástico y acero inoxidable que en cobre y cartón, y se detectó un virus viable hasta 72 horas después de la aplicación en estas superficies, aunque el virus se redujo considerablemente después de 72 horas en plástico y después de 48 horas en acero inoxidable”, se lee en el estudio publicado en The New England Journal of Medicine.
 
Se triplicará en el 2040
 
Si bien, en principio el plástico está protegiendo a muchas personas de un posible contagio, a corto plazo será un problema ambiental mayúsculo. Cerca de 75 por ciento del plástico generado durante la pandemia se convertirá en desechos que llenarán nuestros vertederos y mares, según la ONU.
 
Los efectos negativos indirectos de los desechos de plástico para la pesca, el turismo y el transporte marítimo, por ejemplo, ascienden a los 40 mil millones de dólares cada año, según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente.
 
Pero eso no es todo. La ciencia nos advierte que puede ser peor y demasiado tarde si no actuamos con urgencia.
 
Sin tener en cuenta el incremento que supone la pandemia, los residuos de este material que fluyen a los mares cada año podrían casi triplicarse en 2040, concluyó un informe publicado esta semana en la revista Science.
 
 
Y es que durante varios años, 17 expertos desarrollaron un modelo informático capaz de rastrear las existencias y flujos de plástico en todo el mundo y los números dibujan un futuro demoledor.
 
La cantidad de plástico que entraría a los océanos cada año crecería de 11 millones de toneladas a 29 millones de toneladas en los próximos 20 años, lo que equivale a casi 50 kilogramos de plástico en cada metro de costa en todo el mundo, dice el informe Breaking the Plastic Wave.
 
A esto añaden que, aunque redujéramos la producción y el consumo, la contaminación de plástico no acabará. “Así lográramos esfuerzos inmediatos, los números dicen que 460 millones de toneladas serán arrojados a la tierra y 250 millones de toneladas al agua”, dicen los investigadores.
 
 
TATIANA ROJAS HERNÁNDEZ
REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE
ELTIEMPO.COM